Por Rev. Mauro Vargas/Ex Obispo Administrativo de Iglesia de Dios RD.
Santo Domingo, R. D.- La Semana Santa es la fiesta cristiana que recuerda los últimos momentos de Cristo en la Tierra: la pasión, la muerte y la resurrección; es decir, desde que llega a Jerusalén proclamado Salvador, hasta que es procesado, muerto, enterrado y resucita.
Los orígenes de la Semana Mayor, se remontan al año 325 donde el Concilio de Nicea fijó la fecha de celebración de Pascua para todo el ámbito católico occidental. A partir de aquel momento, y basándose siempre en el relato evangélico, cada país ha ido construyendo un conjunto propio de celebraciones. A pesar de las variantes y la diferencia de costumbres locales, la finalidad principal es celebrar o rememorar la pasión, muerte y resurrección del Mesías.
Este es un tiempo de reflexión y recogimiento espiritual en cada una de sus confesiones cristianas. Este es un tiempo en que yo debo meditar en ese gran sacrificio que hizo el hijo de Dios en la cruz del calvario en favor de la humanidad de la cual pertenezco.
Estas festividades centradas en los rituales litúrgicos cristianos se prestan también para encuentros familiares con grandes comidas; en nuestro país no se queda las famosas habichuelas con dulce. Es un buen momento para ese reencuentro tanto esperado para vernos, abrazarnos y fortalecer el lazo familiar. Un tiempo de sensatez sin la presencia de nada estridente.



