Puede resultar difícil calcular el impacto preciso del audaz ataque con drones de Ucrania contra bases aéreas rusas a miles de kilómetros de la frontera ucraniana. Kyiv afirmó que 41 bombarderos de largo alcance fueron incendiados y que los ataques alcanzaron el 34 % de los portamisiles de crucero estratégicos rusos en sus bases principales.
Desconocemos cuántos bombarderos tenía Rusia en pleno funcionamiento —tras años de intensas misiones nocturnas sobre Ucrania— y cuántos otros habían sido utilizados para obtener piezas de repuesto, pero algunos informes sugieren que Rusia solo tenía unos 20 Tu-95 de hélice y unos 60 Tu-22M3 supersónicos en servicio.
En los próximos meses se aclarará hasta qué punto esto realmente reduce el terror que las sirenas antiaéreas siembran en Ucrania. Pero si lo que dice Kyiv es cierto —117 drones relativamente baratos que derribaron docenas de aviones y causaron daños que una fuente de seguridad estimó en US$ 7.000 millones—, entonces la economía de la guerra ha cambiado.
. La principal baza de Rusia es su inmensidad de recursos militares, personal de primera línea, tolerancia al dolor y reservas financieras. Pero Kyiv ha demostrado repetidamente que los pinchazos precisos pueden reventar estas burbujas




