Inicio OPINIÓN Sociedad del engaño: Un espejo roto de la ética nacional

Sociedad del engaño: Un espejo roto de la ética nacional

Por Félix Caraballo.
La República Dominicana, rica en historia, fe y resiliencia, también enfrenta una sombra persistente: la normalización del engaño. Desde las urnas hasta los semáforos, desde las aulas hasta los estadios, parece que hemos convertido la trampa en hábito, y el fraude en estrategia.

Solo hay que observar los procesos electorales marcados por violencia y manipulación, como los de 1966 a 1974, que sembraron desconfianza y legitimaron el uso de artimañas como herramientas políticas.
Y qué decir del 1994: Un año emblemático: El pacto surgido tras unas elecciones plagadas de irregularidades reveló que incluso las decisiones más trascendentales pueden estar mediadas por el fraude.

El caso de líderes gremiales sin títulos o periodistas sin carrera terminada, o médicos cirujanos que se hacen pasar por los tales, o neurocientificos y otros profesionales de la salud que viven de la falsa y el engaño constante.

En el sector religioso y cristiano, ni hablar de muchos que utilizan la fe para sacar ganancias personales y manipular a la feligresía con «sueños esotéricos».

Es sin lugar a dudas toda esta dinámica confusa es el reflejo de una sociedad, un sistema social donde la apariencia supera la formación, y donde el «a Allante y movimiento», están por encima de la formación y la disciplina.

La gente hace fraudes con documentos personales, papeles de viaje, violaciones cotidianas de normas de tránsito como el irse en rojo, no son simples infracciones, el uso de sustancias prohibidas, los atletas no compiten de acuerdo a las reglas y usan esteroides anabólicos androgénico, para su rendimiento físico.

En fin, estamos experimentando como sociedad, una profunda crisis de valores: La deshonestidad deja de ser reprobada y pasa a verse como astucia, distorsionando la conciencia ética colectiva. Luchando para que los gobernantes sean transparentes, actúen con justicia y respeto por las normas personales y colectivas.

En resumidas cuentas, creo que necesitamos: Educación con propósito: Promover desde las escuelas una cultura de integridad y responsabilidad. Los líderes deben ser faros éticos, no generadores de ambigüedades y la participación ciudadana debe promoverse en el sentido de que cada dominicano debería hacer lo correcto como un acto de soberanía nacional.