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El Imperio de la Ley Pendiente en la República Dominicana

Por: Rev. Fidel Lorenzo/Presidente FEJUS.

Sto. Dgo. RD.- La República Dominicana cuenta con una de las constituciones más avanzadas de América Latina. La Carta Magna de 2010 sentó las bases para la construcción de un Estado social y democrático de derecho, comprometido con la justicia, la transparencia y la igualdad. Sin embargo, quince años después de su proclamación, seguimos arrastrando una preocupante brecha entre lo que la Constitución ordena y lo que realmente se cumple.

Decenas de leyes mandatorias derivadas de la Constitución aún no han sido aprobadas, obstaculizando la correcta aplicación de la ley suprema. Este déficit legislativo no es solo un problema técnico o burocrático, sino un reflejo de la falta de voluntad política y de la débil fiscalización que caracteriza nuestro sistema institucional.

El incumplimiento de las leyes y de las sentencias judiciales, especialmente aquellas emanadas del Tribunal Constitucional, proyecta la imagen de un Estado que no hace respetar su propio orden jurídico. Peor aún, cuando son los mismos legisladores y funcionarios quienes justifican la desobediencia constitucional, se pone en entredicho la legitimidad del sistema democrático.

La Constitución es clara: toda ley, resolución o reglamento que la contradiga es nulo de pleno derecho. Sin embargo, en la práctica, esa disposición parece carecer de fuerza obligatoria. Cuando las decisiones judiciales no se ejecutan, cuando las normas se aplican de manera selectiva y cuando la justicia deja de ser igual para todos, el Estado pierde autoridad moral y jurídica, y la ciudadanía se aleja de la confianza en las instituciones.

Como sociedad, aspiramos a vivir en un verdadero Estado social y democrático de derecho, donde gobernantes y gobernados estén sometidos al imperio de la ley, y donde su cumplimiento no sea una opción sino una obligación. Lograrlo exige voluntad política, responsabilidad institucional y un compromiso ético con el país.

Solo cuando la Constitución deje de ser un texto decorativo y se convierta en una guía real de acción, podremos decir que vivimos en una República donde la justicia, la equidad y el respeto a la ley sean una realidad para todos.