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Burocratización de las Cooperativas, Ong y Planes Sociales: una ruptura con la fórmula bíblica

Por: Dr. Rodrigo Díaz Bermúdez

En muchos sectores eclesiásticos, la pobreza se ha enfrentado mediante cooperativas, ONG y programas sociales. Sin embargo, con frecuencia estas estructuras terminan burocratizadas, politizadas o alejadas de su propósito original. Para sus críticos, el problema radica en haber sustituido el modelo bíblico de la koinonía —basado en comunión y solidaridad real— por sistemas institucionales que dependen más de la estructura que de la comunidad.

Desde la física del Universo Bloque, toda institución humana es una estructura rígida que intenta estabilizarse dentro del sistema. Al institucionalizar la ayuda, creamos una entidad que requiere mantenimiento, personal, reglamentos y jerarquías. Inevitablemente, la energía que debería fluir hacia el desarrollo del individuo se queda atrapada en el mantenimiento de la propia estructura.

Es la ley de la entropía aplicada a la gestión: el sistema consume su propia energía para no colapsar, volviéndose ineficiente y, finalmente, corrupto. Cuando una cooperativa o plan social se institucionaliza, adopta las leyes del bloque —el sistema financiero caído—, exigiendo garantías y operando con la lógica del mercado tradicional bajo una fachada religiosa.

La narrativa del libro de los Hechos en sus  capítulos 2 y 4 , revela una «comunión de bienes» basada en la fluidez, no en la estática. En el texto griego, no encontramos la creación de una entidad legal separada de la vida comunitaria. Lo que vemos es un flujo de capital movido por el pneuma: un sistema donde el recurso no se estancaba en una cuenta bancaria eclesial para pagar nóminas administrativas, sino que se movía de la mano del que tenía a la mano del que necesitaba.

La institucionalización detiene este flujo, creando una casta de administradores del auxilio que, paradójicamente, necesitan que la pobreza persista para justificar su existencia institucional.

Mi propuesta es radical: el Reino no nos llamó a fundar bancos religiosos, sino a formar individuos económicamente libres. La verdadera fórmula bíblica es la superación económica individual dentro del mercado capitalista para luego ejercer una generosidad relacional subversiva.

En el modelo de Hechos, cada miembro es un «nodo» de poder. Si el hermano se supera, ahorra y domina las herramientas del sistema, su excedente fluye directamente a la red comunitaria sin peajes burocráticos ni reglamentos asfixiantes. Es la «nueva ley de Cristo» operando en el mercado: generar riqueza con excelencia y distribuirla con amor.

Debemos abandonar la ilusión de que una estructura administrativa nos salvará de la pobreza. Esas son herramientas del bloque que terminan por absorbernos.

El camino bíblico es la formación de líderes y familias que rompan su propia inercia de pobreza mediante la educación y el trabajo, y que vivan una espiritualidad tan profunda que el recurso circule con libertad.

La subversión no está en la oficina de la ONG, sino en la mesa de la koinonía, donde el capital no se institucionaliza, sino que se transforma en vida y desarrollo real. Los pobres estarán siempre si seguimos construyendo edificios burocráticos; dejarán de estarlo cuando construyamos personas libres bajo la autoridad del Logos.