La historia no contada de un merengue que se convirtió en un ícono de Yoskar Sarante
Por: Armando Olivero, Músico Forense y Analista Legal
Quiero compartir con ustedes una historia fascinante sobre cómo un merengue que compuse sin letra terminó convirtiéndose en una de las bachatas más emblemáticas de la historia, popularizada por el inolvidable Yoskar Sarante.
El Origen: Del Conservatorio al Merengue
A principios de los años noventa, fui contratado por el señor Leopoldo Rodríguez (fallecido),
presidente de la empresa Rodeca Record, para crear una nueva orquesta de merengue
destinada a acompañar a El Jeffrey (a) “El Canta Lindo”.
En este ambicioso proyecto, asumí los
roles de director, pianista y arreglista. Nos encontrábamos a las puertas del lanzamiento, con solo un tema pendiente para completar la producción de diez canciones.
Fue en esa coyuntura cuando mi memoria revivió una melodía exótica, concebida durante mis estudios en el Conservatorio Nacional de Música. En esa pieza, había explorado nuevos
«colores» armónicos, experimentando con la alternancia de los modos mayor y menor dentro de la tonalidad de Do Mayor, y empleando específicamente la técnica de la cadencia rota o deceptiva para darle un giro inesperado a su resolución.
La Conversión y el Olvido
Sin una petición formal, decidí arriesgarme y realizar un arreglo con esa melodía creada en
versión merengue. Con la esperanza de incluirla en la producción, convencí al inversionista del proyecto, el Sr. Leopoldo, para que me permitiera grabarla. Tras escucharla, el Sr. Leopoldo quedó impresionado y sentenció: «Busca a alguien que le ponga la letra, porque me imagino que en la voz de El Jeffrey eso va a ser un palo».
En aquel momento, yo fungía como director musical y arreglista de la orquesta de Manuel
Jiménez. Le entregué un casete con la música grabada (el tema aún no tenía título ni letra) y él
fue quien le dio vida, titulándola «Amor a Medio Tiempo». Por esa letra, a Manuel se le pagaron
RD$1,500.00 pesos, entregados por José Jiménez, hermano de El Jeffrey, quien formaba parte del equipo de producción junto a Elvis, el hijo de Leopoldo.
Afortunadamente, tanto José como Elvis siguen vivos y pueden confirmar esta génesis.
De ese modo se identificó aquel merengue que, paradójicamente, nunca llegó a difundirse. El
joven intérprete Yoskar Sarante frecuentaba constantemente el estudio de grabación EMCA,
donde se trabajó y concluyó la producción, pues estaba previsto que integrara el frente de la agrupación.
El Destino de la Melodía
Lamentablemente, después de concluir la producción –y, afortunadamente, después de
haberme pagado–, el inversionista desapareció y el proyecto se disolvió. A pesar de que la
producción completa quedó en el olvido, aquella melodía tenía un destino más grande.
Sé que muchos se preguntarán por qué no he entablado una demanda.
A sabiendas de que tengo pruebas suficientes para ganarla, prefiero preservar una historia y una amistad fundamentada en una ética y moral que sobrepasa lo material.
Más de veinte años después, aquella obra que compuse originalmente como una pieza
instrumental encontró su redención en los versos de Manuel Jiménez y la voz de Yoskar
Sarante. Gracias a la magistral adaptación a bachata del guitarrista Andrés Mercedes, la obra trascendió hasta convertirse en un pilar fundamental del cancionero dominicano.



