Por: Reverendo Fidel Lorenzo/Pte. Fundación Equidad y Justicia Social (FEJUS)
Sto. Dgo. RD.- Vivimos en una época en la que las Redes Sociales se han convertido en una de las principales plazas públicas del mundo. Millones de personas buscan allí información, orientación, entretenimiento e incluso respuestas espirituales. Ante esa realidad, es natural que muchos líderes religiosos hayan decidido utilizar estas plataformas para compartir el mensaje de la Fe.
El debate no debería centrarse en si un pastor, sacerdote o líder espiritual puede convertirse en “influencer”. La verdadera pregunta es: ¿Qué tipo de influencia está ejerciendo y hacia quién dirige la atención de quienes lo siguen?
Las Redes Sociales son una herramienta. Como toda herramienta, pueden utilizarse para construir o para destruir. No son las Plataformas las que corrompen el mensaje; son las motivaciones del corazón las que determinan el uso que se hace de ellas. Un liderazgo espiritual sólido entiende que la tecnología debe estar al servicio del Evangelio y nunca el Evangelio al servicio de la popularidad.
El peligro aparece cuando el afán por conseguir “Seguidores”, «me gusta (Like)» y “Reproducciones” desplaza la misión de anunciar a Cristo. En ese momento, el mensaje deja de ser una invitación al discipulado para convertirse en una estrategia de posicionamiento personal. El “Ego” ocupa el lugar que solo le corresponde a Dios.
Sin embargo, sería un error condenar las Redes Sociales por los excesos de algunos. Gracias a estas Plataformas y Redes Sociales (Youtube, Twister, X, Facebook, Instsagrant, etc..), miles de personas escuchan diariamente mensajes de esperanza, encuentran orientación en momentos de crisis, conocen las Escrituras y reciben acompañamiento espiritual. Para muchos, un teléfono móvil se ha convertido en el primer contacto con el Evangelio.
La Iglesia tampoco puede ignorar que las nuevas generaciones se comunican de manera diferente. Si desea seguir cumpliendo su Misión, debe aprender a hablar el lenguaje de esta época sin renunciar al contenido eterno de su mensaje. El Evangelio no cambia; cambian los Medios para comunicarlo.
Esto exige responsabilidad. Un “Influencer Religioso” no debe medir el éxito únicamente por el número de seguidores ó Like, sino, por la fidelidad al mensaje, la coherencia de su vida y el impacto positivo que produce en quienes lo escuchan. La credibilidad del Evangelio depende más del testimonio que de los Algoritmos.
También es necesario recordar que el lujo, la ostentación y el protagonismo personal nunca pueden convertirse en el centro del mensaje cristiano. El verdadero liderazgo espiritual se distingue por la humildad, el servicio, la compasión y la integridad. “Cuando la imagen eclipsa la cruz, se pierde la esencia del ministerio”.
En consecuencia, la discusión no debe ser si existen “influencers religiosos”, sino, qué clase de influencia representan. La sociedad necesita hombres y mujeres que aprovechen el inmenso alcance de las plataformas digitales para sembrar fe, promover valores, defender la dignidad humana y acercar a las personas más a Dios.
El desafío para la Iglesia del siglo XXI no consiste en abandonar las Redes Sociales, sino, en llenarlas de autenticidad, verdad y amor. Porque el propósito nunca será hacer famosos a los mensajeros, sino dar a conocer a aquel que transforma las vidas: Jesucristo.



