Por: Fidel Lorenzo
De cara al proceso electoral de 2028, el Partido Revolucionario Moderno (PRM) necesita mucho más que buenos candidatos: necesita construir un equipo político con experiencia, capacidad estratégica, disciplina y, sobre todo, inteligencia para administrar sus diferencias internas.
En esa composición, los doctores Guido Gómez Mazara y Roberto Fulcar constituyen, a mi juicio, dos piezas imprescindibles para cualquier equipo que aspire seriamente al triunfo electoral.
Son dirigentes aguerridos, con formación política y capacidad para enfrentar escenarios complejos. Cada uno, desde su propia experiencia y trayectoria, puede aportar a la construcción de una estrategia sincronizada que permita al partido evitar los errores propios de los novatos y, al mismo tiempo, aprovechar la experiencia acumulada.
Pero hay algo todavía más importante: ningún proyecto político puede darse el lujo de dejar fuera a sectores, dirigentes o militantes que han contribuido a construir la organización.
La política, particularmente dentro de un partido con aspiraciones de mantenerse en el poder, exige inteligencia para sumar, no mezquindad para excluir. El sectarismo puede producir victorias internas momentáneas, pero difícilmente construye triunfos electorales duraderos.
El PRM debe entender que las elecciones no se ganan solamente con estructuras, recursos o discursos. Se ganan también construyendo confianza, reconociendo lealtades, integrando capacidades y evitando que quienes han trabajado por el proyecto terminen sintiéndose utilizados y posteriormente marginados.
La mezquindad no produce triunfos electorales. La exclusión tampoco.
Quienes diseñen la estrategia del PRM para 2028 deberían mirar más allá de sus intereses particulares y comprender que el verdadero desafío será construir una plataforma política capaz de mantener cohesionada a la organización y ampliar su base social.
Hay que sumar a los experimentados, abrir espacio a los nuevos liderazgos y reconocer a quienes han demostrado compromiso. La política tiene memoria y, aunque algunos pretendan ignorarlo, la ingratitud pasa factura.
Si el PRM quiere llegar fortalecido a 2028, todavía está a tiempo de comprender que la unidad no significa pensar todos igual; significa tener la madurez suficiente para trabajar juntos por un propósito superior.
Un equipo ganador no se construye excluyendo a quienes incomodan. Se construye integrando talento, experiencia, lealtad y capacidad.
El triunfo electoral del 2028 comenzará a construirse desde ahora, y para ganarlo habrá que aprender a sumar antes que a dividir.



