Por: Fidel Lorenzo
El estudio presentado por la Junta Central Electoral (JCE) sobre la abstención electoral en los procesos de 2020 y 2024 constituye mucho más que un ejercicio estadístico. Es una investigación profunda, realizada con rigor científico, que coloca sobre la mesa una realidad que la sociedad dominicana no puede seguir observando con indiferencia: cada vez son más los ciudadanos que se mantienen alejados de las urnas.
El valor de este trabajo está precisamente en que procura identificar las causas de la abstención, tanto en el territorio nacional como entre los dominicanos residentes en el exterior. Sus resultados deben servir como punto de partida para una discusión seria sobre la participación ciudadana y el futuro de nuestra democracia.
La JCE merece reconocimiento por asumir esta investigación con madurez institucional. Una democracia fuerte no es aquella que pretende ocultar sus dificultades, sino aquella que tiene la capacidad de estudiarlas, reconocerlas y buscar soluciones.
Y este estudio deja importantes tareas pendientes.
La sociedad civil tiene que involucrarse más activamente en la educación cívica y electoral. No podemos pretender una ciudadanía participativa si durante largos períodos dejamos la formación democrática exclusivamente en manos de los procesos electorales.
Los partidos políticos, por su parte, deben realizar una profunda reflexión. La abstención también puede ser una expresión de desencanto, indiferencia o falta de identificación con las propuestas políticas. Los partidos están llamados a recuperar su capacidad de representar las aspiraciones de una sociedad que ha cambiado considerablemente.
El desafío no consiste simplemente en convencer al ciudadano de acudir a votar el día de las elecciones. Se trata de recuperar su confianza durante todo el período que transcurre entre una elección y otra.
También corresponde al Tribunal Superior Electoral continuar fortaleciendo las garantías del ejercicio de los derechos políticos, mientras que el sector empresarial debe comprender que la estabilidad democrática y la institucionalidad son elementos fundamentales para el desarrollo económico y social del país.
La propia Junta Central Electoral tiene ante sí el reto de utilizar las conclusiones de esta investigación para mejorar sus políticas de información, educación electoral, registro y facilidades para el ejercicio del sufragio.
La preocupación del voto en el exterior.
Uno de los aspectos que mayor atención merece es la abstención registrada entre los dominicanos residentes en el exterior.
La República Dominicana cuenta con una diáspora numerosa, económicamente importante y profundamente vinculada con el país. Millones de dominicanos mantienen relaciones familiares, económicas y sociales con nuestra nación, pero esa vinculación también debería encontrar una expresión efectiva en su participación democrática.
No basta con reconocer a nuestros compatriotas en el exterior por las remesas que envían, por sus inversiones o por su aporte al desarrollo nacional. También debemos procurar que puedan ejercer sus derechos políticos en condiciones adecuadas.
El mayor nivel de abstención en el exterior plantea preguntas que deben ser respondidas con seriedad: ¿existen suficientes facilidades para votar?, ¿los mecanismos de inscripción y empadronamiento son adecuados?, ¿la información electoral llega oportunamente?, ¿existen barreras logísticas que desestimulan la participación?
Son interrogantes que merecen respuestas institucionales, no es solamente un problema electoral.
La abstención tampoco debe analizarse exclusivamente desde la perspectiva de la organización de las elecciones.
Es necesario preguntarnos qué está ocurriendo en la relación entre los ciudadanos y las instituciones políticas.
Cuando una persona decide no votar, puede estar expresando indiferencia, pero también puede estar manifestando inconformidad, desencanto o desconfianza. Por eso sería un error interpretar toda abstención como simple apatía ciudadana.
El fenómeno debe estudiarse desde múltiples dimensiones: política, social, económica, cultural e institucional.
La República Dominicana ha experimentado transformaciones importantes en las últimas décadas. Tenemos una ciudadanía más informada, nuevas generaciones con otras expectativas y una sociedad que demanda mayor transparencia, representación y resultados.
La política, por tanto, también tiene que transformarse.
Una democracia con capacidad de mirarse a sí misma.
El estudio de la JCE ofrece otro elemento positivo que debemos destacar: demuestra que nuestras instituciones tienen capacidad para producir investigaciones serias sobre sus propios desafíos.
Eso constituye una señal de madurez democrática.
Comparada con otras experiencias de la región y de otras latitudes, la República Dominicana ha logrado construir instituciones electorales capaces de organizar procesos con niveles importantes de confianza y transparencia. Pero precisamente por esos avances tenemos que exigirnos más.
Una democracia madura no se conforma con organizar elecciones, una democracia madura procura que sus ciudadanos quieran participar en ellas.
Por eso, las conclusiones de este estudio no deberían terminar en una biblioteca, en un informe institucional o en una conferencia de prensa. Deben convertirse en una agenda nacional.
JCE, partidos políticos, Tribunal Superior Electoral, sociedad civil, academia, sector empresarial, medios de comunicación y organizaciones comunitarias tienen que sentarse a discutir qué hacer frente al crecimiento de la abstención.
No se trata de buscar culpables. Se trata de encontrar soluciones.
La abstención electoral debe ser entendida como una señal que requiere atención. Si una parte creciente de la ciudadanía decide no participar, la democracia tiene que preguntarse por qué.
El voto es un derecho, pero la participación ciudadana es el oxígeno de la democracia, por eso, el estudio de la JCE debe ser recibido no como una amenaza, sino como una oportunidad.
Una oportunidad para escuchar a quienes no están votando, comprender sus razones y reconstruir los puentes entre ciudadanía, instituciones y política.
Porque el verdadero desafío democrático no es solamente garantizar que las elecciones puedan celebrarse, el verdadero desafío es lograr que los ciudadanos vuelvan a creer que vale la pena participar.



