Inicio OPINIÓN Los Símbolos Patrios y la Identidad Dominicana: Cuidado con Desconocer Nuestras Raíces

Los Símbolos Patrios y la Identidad Dominicana: Cuidado con Desconocer Nuestras Raíces

Por: Rev.Fidel Lorenzo 

Los símbolos patrios no son simples imágenes, colores o ceremonias protocolares. Constituyen expresiones de la memoria histórica, los valores, las luchas y las aspiraciones que contribuyen a definir la identidad de una nación. Son parte de la conciencia colectiva de un pueblo y un vínculo entre las generaciones que construyeron la patria y aquellas que tienen la responsabilidad de preservarla.

La República Dominicana posee características históricas y simbólicas que merecen una reflexión profunda. Desde su nombre hasta los elementos que integran su escudo nacional, encontramos referencias que revelan una relación histórica entre la formación de nuestra nacionalidad y la tradición cristiana.

Nuestra bandera, concebida en el proceso independentista impulsado por Juan Pablo Duarte y los trinitarios, combina los colores rojo, azul y blanco, separados por una cruz blanca. Estos colores han recibido interpretaciones vinculadas con la sangre derramada por nuestros libertadores, la protección de Dios, la paz y la unión nacional. No se trata únicamente de una combinación cromática: es una representación de nuestra historia y de los ideales que acompañaron el nacimiento de la República.

Pero es en el Escudo Nacional donde encontramos una expresión particularmente significativa de esa herencia. La Constitución dominicana, en su artículo 32, establece que el escudo lleva en el centro la Biblia abierta en el Evangelio de San Juan, capítulo 8, versículo 32, con una cruz encima. Este pasaje bíblico expresa: Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. A ello se suman las ramas de laurel y palma, así como el lema nacional: Dios, Patria y Libertad. Estos elementos están reconocidos expresamente en nuestra Constitución.

El juramento de los trinitarios también comienza con una invocación a la Santísima, augustísima e indivisible Trinidad de Dios omnipotente. Esa referencia forma parte de la tradición fundacional de nuestro movimiento independentista y evidencia la influencia del lenguaje religioso en la historia de nuestra emancipación nacional.

Ante estos hechos, cabe formular una pregunta legítima: ¿podemos comprender plenamente nuestra identidad nacional si pretendemos separar de nuestra memoria histórica todos aquellos elementos relacionados con la fe cristiana?

La respuesta exige madurez, conocimiento histórico y respeto por nuestra Constitución.

La identidad dominicana no puede reducirse a una expresión religiosa, pero tampoco puede comprenderse adecuadamente mediante el desconocimiento de las raíces religiosas presentes en nuestros símbolos y en nuestra historia. Una cosa es reconocer que la sociedad dominicana es diversa y que todas las personas tienen derecho a sus propias convicciones; otra muy distinta es pretender que esa diversidad exige borrar o desnaturalizar los elementos que forman parte de nuestro patrimonio nacional.

¿Laicismo o desconocimiento de nuestra historia?

El debate sobre el laicismo debe abordarse con responsabilidad. La libertad religiosa protege tanto el derecho a profesar una fe como el derecho a no profesarla. En una sociedad democrática, el Estado tiene la obligación de garantizar esos derechos sin discriminación.

Sin embargo, la neutralidad estatal no debe confundirse con la negación de la historia. Reconocer la presencia de la Biblia, la cruz y la referencia a Dios en el Escudo Nacional no significa imponer el cristianismo a todos los ciudadanos. Significa reconocer una realidad histórica y constitucional que merece ser estudiada, respetada y transmitida a las nuevas generaciones.

De igual manera, la presencia de esos símbolos no debe utilizarse para desconocer los derechos de los dominicanos que profesan otras religiones o que no tienen afiliación religiosa.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre la preservación de nuestra identidad histórica y el respeto a la libertad de conciencia.

La educación y la transmisión de nuestros valores

La educación tiene una responsabilidad fundamental en la formación de ciudadanos conscientes de su historia, sus derechos y sus deberes. Por eso, el conocimiento de los símbolos patrios debe ocupar un lugar relevante en la enseñanza de la historia y de la formación cívica.

La discusión sobre la lectura de la Biblia en los centros educativos públicos debe realizarse con rigor jurídico, tomando en consideración las normas vigentes, la libertad de conciencia y el derecho de las familias. La referencia bíblica incorporada en el Escudo Nacional es un hecho constitucional; determinar cómo debe abordarse la Biblia dentro del sistema educativo requiere, además, examinar la legislación aplicable y las garantías fundamentales.

No necesitamos convertir nuestra historia en un campo de confrontación entre creyentes y no creyentes. Necesitamos formar ciudadanos capaces de comprender su herencia cultural, respetar las diferencias y convivir en paz.

Defender nuestra identidad sin atropellar los derechos de nadie

La República Dominicana no necesita renunciar a sus raíces para ser una nación moderna, democrática y respetuosa de los derechos humanos. Tampoco necesita imponer una religión para reconocer la influencia que el cristianismo ha tenido en su trayectoria histórica.

Lo que necesitamos es una ciudadanía consciente de que los símbolos patrios representan mucho más que un protocolo oficial. Son parte de una herencia que debemos conocer y preservar, sin manipularla por intereses políticos, ideológicos o religiosos.

Cuidado, pues, con convertir el laicismo en una herramienta para desconocer nuestra historia. Pero también cuidado con utilizar la historia para limitar la libertad de conciencia de nuestros ciudadanos. La madurez democrática exige ambas cosas: respeto a nuestra identidad y respeto a los derechos fundamentales.

La patria se fortalece cuando sus ciudadanos conocen sus raíces, comprenden el significado de sus símbolos y asumen con responsabilidad el compromiso de construir una sociedad más justa, solidaria y respetuosa de la dignidad humana.

Porque amar a la República Dominicana implica defender su historia, honrar sus símbolos y trabajar para que el lema que corona nuestro escudo Dios, Patria y Libertad se traduzca en una convivencia nacional caracterizada por la justicia, la paz, la libertad y el respeto mutuo.