Del colapso de Francia y España a la amenaza del Caribe
Por: Armando Olivero
Lo que hoy ocurre en el viejo continente no es un fenómeno aislado ni una coincidencia histórica: es la consecuencia previsible de una dirigencia que prefirió la tibieza, la permisividad institucional y el relativismo cultural antes que la firmeza en la defensa de sus fronteras y de su identidad. Cuando la autoridad cede, la soberanía inevitablemente se quiebra, y sus secuelas no solo se debaten en los parlamentos; se sufren y se pagan muy caro en las calles.
El espejo europeo nos devuelve una advertencia contundente que la República Dominicana no puede darse el lujo de ignorar:
Francia aflojó sus valores y hoy ve su cultura acorralada por una inmigración masiva que jamás quiso integrarse, perdiendo el control de sus propios barrios y banderas.
España, en Ceuta, vive sumida en la zozobra de una frontera permeable porque sus autoridades prefirieron la tibieza antes que la firmeza.
Lo que en Europa se traduce en la pérdida paulatina del control territorial y en la erosión del tejido social, en el contexto dominicano amenaza con desencadenar consecuencias infinitamente peores. Nuestra condición insular y la colindancia directa con un Estado en crisis hacen que cualquier muestra de debilidad institucional constituya un riesgo de carácter existencial para la nación.
Esa misma falta de orgullo y de carácter la sufrimos amargamente cuando turbas violaron la dignidad nacional derribando las puertas de nuestro Estadio Olímpico. Y lo peor no fue el desorden, sino la debilidad institucional que vino después: prohibir los eventos en suelo patrio para, a los pocos días, pretender ignorar la sanción y abrirles las puertas otra vez. Prohibir por la mañana para ceder por la tarde envía un mensaje mortal de impunidad, desorden y falta de respeto hacia nosotros mismos.
Si potencias europeas con vastos recursos hoy sufren las consecuencias irreparables de haber cedido su soberanía a trozos, la República Dominicana enfrenta un escenario de autoextinción si sus autoridades insisten en la vacilación.
Dominicanos: la Patria no es un adorno ni un territorio de alquiler. La Patria se defiende con dignidad, con fe y con la firmeza de un pueblo que rehúsa ser borrado de la historia. Si permitimos que pisoteen nuestros símbolos, profanen nuestras leyes y sustituyan nuestros valores, no habrá muro fronterizo que nos salve de la debacle. ¡El orgullo dominicano no se negocia, no se rinde y no se cede ante nadie.



