Se trata de una afección degenerativa del cerebro asociada con síntomas motores (movimiento lento, temblor, rigidez y desequilibrio al caminar) y una amplia variedad de complicaciones no motoras (deterioro cognitivo, trastornos de salud mental, dolor y otras alteraciones sensoriales).
Las deficiencias motoras, incluidos los movimientos involuntarios (disquinesias) y las contracciones musculares involuntarias dolorosas (distonías), contribuyen a las limitaciones en el habla, la movilidad y, por lo tanto, a las restricciones en muchas áreas de la vida. La progresión de estos síntomas y complicaciones disminuye notablemente el funcionamiento y la calidad de vida, lo que da como resultado altas tasas de discapacidad y necesidades de atención, así como estrés y carga para los cuidadores.
En este sentido, el organismo ha avisado de que la discapacidad y la muerte a causa del Parkinson están aumentando «más rápido» que cualquier otro trastorno neurológico. De hecho, las estimaciones actuales sugieren que, en 2019, provocó 5,8 millones de años de vida ajustados por discapacidad, un aumento del 81 por ciento desde 2000, y causó 329.000 muertes, lo que supone un incremento de más del cien por cien desde el año 2000


