Es la primera vez que se consagra una exposición a Olivier (1881-1966), una mujer que asistió al nacimiento del cubismo, entre 1904 y 1912.
Hija ilegítima, víctima de un marido violento, Amélie Lang parecía destinada a los 19 años a un sombrío destino cuando decidió cambiar su nombre por el de Fernande Olivier, abandonar su hogar y convertirse en modelo profesional.
Pero no fue simplemente una figura silenciosa, sino una sensible observadora del bullicioso mundo bohemio de Montmartre, que plasmó en un primer libro de recuerdos, «Picasso y sus amigos» publicado en 1933.
«Viví con ellos, más cerca de ellos que nadie, puesto que la casa de Picasso era también su casa», explicó Fernande Olivier en esa obra, repleta de reflexiones sobre esos pintores, y elogiada por los críticos.
