Inicio OPINIÓN La frontera del sonido: Reflexiones sobre el Gagá y la  iidentidad dominicana

La frontera del sonido: Reflexiones sobre el Gagá y la  iidentidad dominicana

Por: Armando Olivero, Músico Forense y Analista Legal

En el debate contemporáneo sobre nuestra identidad cultural, ha surgido nuevamente la discusión en torno a la naturaleza del gagá y su lugar —o ausencia— dentro del canon de la música auténticamente dominicana.

Ante las posturas oficiales que cuestionan su carácter nacional, es imperativo elevar el nivel del análisis y trascender la retórica emocional para observar la realidad desde la musicología técnica, la estratigrafía sonora y la identidad organológica que definen a los sistemas musicales populares de la República Dominicana desde su fundación hasta la actualidad.

Origen histórico: La ruta del Rará hacia el Este

Para comprender el gagá, debemos despojarnos de romanticismos y mirar el dato histórico. El …gagá es una expresión ritual de origen haitiano, intrínsecamente vinculada a la historia de la caña de azúcar en la isla. Su llegada a la República Dominicana no fue un proceso de difusión cultural orgánica, sino un fenómeno migratorio ligado a la industrialización azucarera.

Fue a partir de las primeras décadas del siglo XX, con el auge de los ingenios y la masiva contratación de mano de obra haitiana, cuando el gagá se traslada físicamente a nuestro territorio.

Los trabajadores, agrupados en los bateyes, trajeron consigo no solo su fuerza de trabajo, sino su cosmogonía, sus rituales y su instrumentación. El término se adaptó a la fonética local como gagá, un vocablo ajeno al léxico español que reafirma su raíz técnica en el creole.

El error de la amalgama: Análisis de sistemas

Resulta un error categórico pretender que toda manifestación cultural presente en territorio dominicano deba ser automáticamente etiquetada como «dominicana» bajo un criterio de homogeneidad. La realidad sociológica de nuestro país es, por definición, un mosaico de influencias.

El gagá, por su estructura, es una traslación. No estamos ante un proceso de transculturación donde los elementos se han diluido para formar un nuevo género festivo; estamos ante un sistema ritual que conserva su autonomía, su función mágico-religiosa y su organología original de bambú.

La soberanía de los géneros y la pragmática del consumo

La distinción es clara y debe ser respetada desde la musicología técnica y la teoría de la gestión creativa:

● El Merengue: Música del baile, la celebración y el gozo social. Es un activo creativo dominicano codificado para la difusión masiva y la recreación social, divorciado de ceremonias religiosas.

● El Gagá: Sistema ritual, de naturaleza litúrgica, diseñado para actividades mágico- religiosas. Opera bajo un código ritual de circuito cerrado.

Forzar una integración de estas dos realidades no es defender nuestra cultura; es desnaturalizarla.

La integridad del rito se preserva precisamente en su diferencia. Al no haber sido asimilado por la matriz rítmica de la música popular dominicana, el gagá ha logrado — irónicamente— evitar la comercialización, manteniendo su vigencia y su pureza dentro de las comunidades que lo practican por devoción.

 

Conclusión: El respeto a la frontera ontológica

«A Dios lo que es de Dios y al César lo que es del César». Desde la perspectiva de la  musicología forense, la distinción entre el gagá y el merengue no es una arbitrariedad cultural,  sino una realidad basada en sistemas acústicos y funcionales incompatibles.

La divergencia en  la sintaxis rítmica y la teleología del sonido —mientras el merengue busca la resolución  armónica para el baile, el gagá responde a una cíclica litúrgica— define a cada uno como un  sistema acústico autónomo.

Nuestra identidad es lo suficientemente robusta como para aceptar que, dentro de nuestros  límites geográficos, coexisten tradiciones que no necesitan ser «dominicanas» para ser  valoradas como lo que son: expresiones de un pueblo vecino, con sus propios códigos, sus  propios dioses y su propio sonido.

El respeto a la esencia del gagá comienza, precisamente,  por no intentar apropiárselo ni desnaturalizar su función, dejando que cada manifestación  sonora opere dentro del marco de su propia lógica estructural y su interés social original.