Inicio EL GRAN SANTO DOMINGO La «Visión de un Estadista»

La «Visión de un Estadista»

Santo Domingo, R. D.- Su mirada inquisitiva en busca de lograr encontrar el camino de poder conducir a su pueblo hacia un mejor porvenir, le permitió observar que el mayor obstáculo lo constituía la corrupción arraigada en el Poder.

Esa corrupción, que en aquellos odiosos últimos 20 años hizo metástasis en la Administración Pública, sirviendo de botín para hacer mega millonarios a sus propulsores, los dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).

Fue esta realidad, la cual carcomía los cimientos de las estructuras del Estado, entre otras menos agravantes, que dio lugar a la «Visión» del Presidente Luis Abinader de producir un ‘cambio’ en la conducción del Estado.

Para muestra un botón. Tan pronto asumió la Presidencia de la República, a los pocos días presentó al país el «Plan Integral de Reformas Institucionales», el cual contemplaba la aplicación del ‘Plan Nacional Contra la Corrupción y Recuperación del Patrimonio Robado’, constituyendo un hecho sin precedentes en el pais.

El primer mandatario visualizó la necesidad de enfrentar el esquema de corrupción administrativa que se había enquistado en los estamentos de poder,  produciendo un grave deterioro institucional del país, por lo que había llegado la hora de cambiar de una vez, y para siempre, ese malestar tortuoso, el cual iba creando una grave debilidad y desconfianza en las instituciones del Estado, por lo que se hacia urgente revertir drásticamente ese proceso,  blindándolo y creando las bases para un nuevo estado; un estado fuerte, plural, transparente, y que pudiera dar oportunidades para todos.

Desde ese entonces, el presidente Abinader se entregó a crear las bases legales para evitar, en lo adelante, la facilidad de hacer uso inadecuado de los recursos del erario público, por el grave daño que ello genera.

Advertía el ejecutivo que la metastasis o el síndrome cancerígeno de la corrupción en la administración pública se había arraigado a tal punto, que ya el esquema institucional establecido daba rienda suelta a la expresión francesa «Laissez faire, laisser passer», «dejar hacer, dejar pasar» , cuya interpretación dominicanizada se lee: ‘hacerse de la vista gorda’, por conveniencia polìtica.

A la existencia de ese descomunal despropósito polìtico enquistado en la administración pública, fue que el primer mandatario decidió enfrentar y erradicar de raíz.

Claro esta, esa decisión frontal del ejecutivo tuvo cierta resistencia de sectores a lo interno, pues, tal y como él mismo relató en su exponencia el Día Internacional de Lucha contra la Corrupción, personas cercanas les sugirieron «dejar eso asi», alegando que cualquier tipo de acción correctiva limitarìa considerablemente la capacidad de acción del Poder Ejecutivo y del propio presidente de la República.

Nada de esto doblegó la determinación del gobernante, todo lo contrario; aquello le permitió ver la putrefacción existente, fortaleciendo aún más su visión de cambio.

Cambio que trajo consigo, como buque insignia, la conformación de un Ministerio Público independiente e integrado  por personas con alto grado de moralidad, honestidad y  capacidad, y sin vinculación política alguna, cuyo único norte sea la aplicación de la justicia a los infractores de la ley y aquellos que durante sus años de gobierno «saquearon» las arcas del Estado.

En ese sentido, el presidente fue enfático al señalar que eso no implicarâ una intromisión del Gobierno en la labor del Ministerio Público, sino el cumplimiento de la responsabilidad del Estado respecto a los bienes de todos los dominicanos.

A esta iniciativa añadió el anuncio de la creación de una Subdirección Antifraude, dependiente de la Contraloría General de la República, que se encargará de la realización de inspecciones permanentes en todas las áreas del Gobierno.

¡Visión de un estadista!