Por: Rev. Fidel Lorenzo Merán/Pte. FEJUS
Sto. Dgo. DN.- que En los últimos veinte años, la República Dominicana ha registrado avances notables en la reducción de la pobreza. Según cifras oficiales, la pobreza monetaria ha caído de casi un 50% a menos de un 19% en 2024, mientras que la pobreza multidimensional se ha reducido en más de un 60%. Sin embargo, detrás de estos logros persiste una realidad: gran parte de esta reducción se sostiene sobre programas de subsistencia, no sobre transformaciones estructurales que garanticen que la pobreza sea superada de forma definitiva.
En este contexto, el debate sobre la próxima reforma fiscal no debe limitarse a números de recaudación, impuestos o gastos. Debe responder a una pregunta clave: ¿puede el Estado rediseñar su política tributaria y de gasto para eliminar de raíz la pobreza?
Los programas de ayuda directa —transferencias monetarias, subsidios a servicios básicos, asistencia alimentaria— han sido vitales para millones de dominicanos. Han evitado que las familias caigan en hambre o miseria extrema, especialmente en momentos de crisis como la pandemia. Sin embargo, su impacto es paliativo: alivian la necesidad inmediata, pero no generan las condiciones para que las personas salgan de la pobreza por sí mismas.
La eliminación real de la pobreza exige políticas de movilidad social y crecimiento inclusivo: educación de calidad, empleo formal bien remunerado, acceso a crédito productivo, infraestructura que conecte territorios, y reducción de desigualdades regionales y de género.
Una reforma fiscal con enfoque de desarrollo humano debe cumplir tres objetivos esenciales:
1. Recaudar más y mejor: Ampliar la base tributaria y reducir la evasión para financiar inversión social y productiva, no solo gasto corriente.
2. Invertir en capacidades: Dirigir recursos a educación, formación técnica, innovación y emprendimiento, para que las personas generen ingresos propios y sostenibles.
3. Corregir desigualdades: Usar la política fiscal para redistribuir riqueza, de modo que quienes más se benefician del crecimiento económico aporten proporcionalmente más al bienestar colectivo.
Para que la reforma fiscal se convierta en herramienta de erradicación de la pobreza, debe:
– Establecer un fondo nacional de movilidad social financiado con impuestos progresivos.
– Integrar los programas de subsistencia con planes de capacitación y empleo formal.
– Garantizar que cada peso recaudado tenga trazabilidad pública para evitar el desvío de fondos.
– Priorizar inversiones en las provincias con mayor índice de pobreza multidimensional.
La República Dominicana ha demostrado que es posible reducir la pobreza. El reto ahora es cerrar la puerta de retorno para quienes ya han salido de ella y abrir oportunidades reales para quienes aún están atrapados. Una reforma fiscal diseñada con justicia social, inversión productiva y visión a largo plazo puede ser la llave para que la palabra pobreza deje de ser una estadística recurrente y pase a ser un capítulo superado de nuestra historia.
Nota. El autor es el Pastor Cristiano y presidente de la Fundación Equidad y Justicia Social (FEJUS).



