Por: Armando Olivero/Analista Legal especialista en derecho de autor
La irrupción de la inteligencia artificial (IA) en la industria musical ha encendido un intenso
debate. Mientras que organizaciones de gestión de derechos como la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE) en España manifiestan una preocupación legítima por el plagio y la desvalorización de la obra humana, desde mi perspectiva como creador, la IA no es una amenaza.
Al contrario, es una poderosa herramienta auxiliar que puede maximizar y
perfeccionar la expresión artística.
La IA: Un Instrumento, No un Artista
El temor a que la IA se convierta en un rival para los creadores se basa en un malentendido
fundamental: la IA carece de voluntad e inspiración. No puede sentir, ni tiene la necesidad humana de expresarse. Por lo tanto, no es un «creador» en el sentido estricto de la palabra.
El verdadero acto creativo reside en el ser humano que la manipula, la guía y le da una
dirección artística.
Pensemos en la IA generativa como un instrumento digital avanzado. Si un compositor utiliza un software para generar una melodía o una progresión de acordes, la autoría de la pieza sigue siendo suya. La IA es un medio para llegar a un fin, no el fin en sí mismo. Su función es asistir, no reemplazar.
La Responsabilidad del Plagio Recae en el Usuario: El Caso de Michael Smith
Una de las principales preocupaciones es el riesgo de que una IA genere una canción que
infrinja los derechos de autor de un artista. Pero la responsabilidad del plagio no puede
recaer en la herramienta. La ley castiga la intención de robar o imitar una obra.
En este sentido, la culpa de un posible plagio recaería en la persona que manipula la IA con el propósito de infringir derechos de autor. La IA, al ser un software, no tiene intenciones y no
puede ser culpable.
Un caso reciente y práctico valida nuestra tesis. El 4 de septiembre de 2024, en Carolina del
Norte, el músico Michael Smith fue condenado por un plan para crear cientos de miles de
canciones con IA y usar «bots» para reproducirlas miles de millones de veces, obteniendo más de 10 millones de dólares en regalías fraudulentas.
Este caso es un ejemplo perfecto
de que la IA no es el problema; el problema es el ser humano que la utiliza para
cometer un delito.
La acusación penal no se centró en la IA, sino en el fraude intencional de Smith.
Esto no invalida la propuesta de la SGAE de establecer un marco legal. De hecho, lo refuerza.
Este marco debe enfocarse en regular el uso indebido de la tecnología, no en restringir la
tecnología en sí. La clave está en educar a los creadores sobre el uso ético y legal de la IA.
Lo que se Protege: La Integridad de la Obra, No el Estilo
Es crucial entender qué es lo que protege la ley de derechos de autor. No se protege un estilo
musical, un género o una técnica de composición. Lo que se protege es la integridad original de una obra: la melodía y letra de una canción, o las líneas melódicas y la polifonía de una obra instrumental.
Esto significa que un creador puede usar una IA para componer una nueva canción en el mismo estilo de un artista existente, pero jamás con su misma melodía o letra. Lo que se
sanciona es la copia de la expresión concreta de una idea musical, no la idea general de un
estilo.
Por lo tanto, si una IA genera una pieza que es casi idéntica a una obra preexistente, la
infracción es clara, y la responsabilidad legal recae en la persona que la utilizó para ese
propósito.
El Rol Crucial de los Peritos Musicales
En este nuevo panorama, la figura del perito musical se vuelve indispensable. Su labor será
clave para dictaminar si las similitudes entre dos obras son una coincidencia o un plagio
deliberado.
El perito analizaría la estructura musical, las elecciones armónicas y la originalidad, considerando el proceso de creación. Esta experticia nos permitirá distinguir entre una obra genuinamente nueva, creada con la ayuda de IA, y una copia intencionada.
Conclusión: Proteger al Creador, No Limitar la Herramienta
Coincido con la SGAE en la necesidad de proteger los derechos morales del creador, que son intransferibles. Sin embargo, en lugar de ver la IA como un adversario, propongo que la
veamos como una oportunidad.
La IA puede ayudarnos a superar bloqueos creativos, a explorar nuevos géneros y a
eficientizar la producción musical. Limitar su uso sería un retroceso que afectaría el
potencial de la industria. En lugar de construir barreras, abramos un diálogo que permita a
los artistas abrazar el potencial de la IA, asegurando que sus derechos y su esencia creativa se mantengan intactos.
La IA y la música pueden y deben ser un futuro de colaboración, no de confrontación.



