Por Feliciano Lacen Custodio
Vivimos en un mundo marcado por una creciente desintegración social e institucional. Los países parecen perder, poco a poco, su identidad y originalidad, mientras las democracias enfrentan desafíos que ponen en duda su esencia. Nuevos modelos sociales, como el de la llamada sociedad líquida, reflejan una realidad cambiante que, en muchos casos, responde al debilitamiento de las instituciones y a la pérdida de referentes sólidos.
Esta realidad debe convertirse en un llamado de alerta para el pueblo dominicano. Los líderes de una nación nacen y se forman en el seno de una familia; por ello, el reflejo de la sociedad actual es, en gran medida, el espejo de familias debilitadas. Si aspiramos a una mejor nación, debemos fortalecer la familia como base de la formación de ciudadanos con valores y compromiso.
Mientras tanto, los grandes debates en las redes sociales nos mantienen distraídos, como si fueran nubes de humo que desvían nuestra atención de los problemas verdaderamente importantes. La situación mundial se torna cada vez más compleja: las economías agonizan, los pueblos enfrentan incertidumbre y los desafíos sociales aumentan.
Es momento de hacer una pausa y reflexionar sobre lo que está ocurriendo como sociedad. Como pueblo dominicano, debemos preguntarnos: ¿en qué momento dejamos de lado nuestros principios y nuestro compromiso patriótico? Hoy enfrentamos amenazas de distinta naturaleza, y solo podremos superarlas si recuperamos aquello que históricamente nos ha permitido ser un país de referencia: la paz, la unidad, la prudencia y el amor al prójimo.
La salud integral de nuestra sociedad también atraviesa una etapa de vulnerabilidad. Los hechos que presenciamos a diario son alarmantes y evidencian una creciente desconexión con lo sagrado y los valores que sostienen una convivencia sana. Si continuamos ignorando esta realidad, las consecuencias podrían ser profundamente negativas.
Hacer una parada en el camino no significa detener el progreso, sino examinar el rumbo que estamos tomando. Solo a través de la reflexión, el fortalecimiento de la familia, la recuperación de los valores y el compromiso ciudadano podremos construir una República Dominicana más fuerte, más unida y con un futuro esperanzador.



