Por Yoneice Pineda/ activista social
Las imágenes de los incendios forestales que afectan a diversas comunidades de España conmueven profundamente. Detrás de cada columna de humo hay familias que viven con incertidumbre, profesionales que arriesgan su vida para proteger a otros y un patrimonio natural que tarda décadas en recuperarse. Lo que hoy ocurre en España no es un hecho aislado; es una expresión de una crisis ambiental que trasciende fronteras y exige una respuesta común.
Vivimos en una época en la que los efectos del cambio climático se manifiestan con mayor intensidad y frecuencia. Las olas de calor, la prolongación de los periodos de sequía y las condiciones meteorológicas extremas incrementan el riesgo de incendios de gran magnitud. Frente a esta realidad, la prevención y la cooperación internacional dejan de ser opciones para convertirse en una necesidad.

Como dominicana residente en España y como presidenta de la Asociación Internacional de Mujeres por la Integración y de Casa Dominicana en España, observo esta tragedia con un profundo sentimiento de solidaridad. Mi pensamiento está con las familias afectadas, con quienes han tenido que abandonar sus hogares y con todas las comunidades que enfrentan la angustia de ver amenazado su entorno.
Expreso igualmente mi reconocimiento a los bomberos forestales, a la Unidad Militar de Emergencias, a los cuerpos de seguridad, a los equipos sanitarios, a Protección Civil y a los miles de voluntarios que, con profesionalidad y valentía, trabajan sin descanso para proteger vidas y contener el avance de las llamas. Su entrega representa uno de los valores más nobles de una sociedad: el compromiso con el bien común.
La magnitud de estos incendios debe invitarnos a una reflexión más profunda. La protección del medio ambiente no puede depender únicamente de las actuaciones durante la emergencia. Es imprescindible fortalecer las políticas de conservación, invertir en prevención, impulsar una gestión sostenible de los recursos naturales y fomentar una cultura de respeto hacia nuestros ecosistemas. La naturaleza es un patrimonio compartido cuya preservación beneficia a toda la humanidad.
República Dominicana y España comparten mucho más que vínculos históricos y culturales. También comparten la responsabilidad de impulsar iniciativas que promuevan la sostenibilidad, la educación ambiental y la cooperación frente a los desafíos climáticos. Hoy, la solidaridad entre los pueblos adquiere un significado especial, porque los efectos de la crisis ambiental no distinguen nacionalidades ni continentes.
Los incendios forestales nos recuerdan que el desarrollo solo será verdadero si es compatible con la protección del planeta. El progreso económico y social debe caminar de la mano con la conservación de nuestros recursos naturales, porque de ellos depende la calidad de vida de las generaciones presentes y futuras.
Hoy acompañamos a España en este difícil momento con respeto, esperanza y confianza en la fortaleza de sus instituciones y de su ciudadanía. Pero, sobre todo, asumimos que esta tragedia debe convertirse en un llamado a la acción. La protección de la naturaleza ya no puede ser una causa de unos pocos; debe ser un compromiso colectivo de todos.
Porque cuando un bosque desaparece, no solo perdemos árboles. Perdemos parte de nuestra memoria, de nuestro equilibrio y de nuestro futuro.



