Inicio OPINIÓN Violencia Social: Cuando el Abandono también Agrede

Violencia Social: Cuando el Abandono también Agrede

Por: Pte de CODUE; Rev. Feliciano Lacen.

Por décadas hemos intentado analizar la violencia únicamente desde la óptica criminal, enfocándonos en sus consecuencias y no en las causas profundas que la provocan. Sin embargo, en el recorrido constante por barrios, municipios y comunidades vulnerables, surge una realidad imposible de ignorar: gran parte de la violencia social nace del abandono acumulado y del incumplimiento sistemático de las promesas hechas a la gente.

En los territorios existe una deuda social histórica. Comunidades enteras llevan más de cuarenta años esperando soluciones básicas relacionadas con agua potable, calles, empleos, salud, educación, seguridad y oportunidades dignas. Lo más preocupante no es solo la falta de respuesta, sino la normalización de esa indiferencia institucional.

Cuando una población siente que nadie escucha sus necesidades, comienza a perder la confianza en los sistemas. Y una sociedad que pierde la confianza entra peligrosamente en un proceso de frustración colectiva. Allí se deteriora el respeto a las normas, se altera la paz social y surge una convivencia marcada por la tensión, la desesperanza y el conflicto permanente.

Muchas veces se condena la reacción social, pero pocas veces se analiza el origen de esa conducta. La violencia no siempre inicia con piedras, protestas o enfrentamientos. En numerosas ocasiones comienza mucho antes: cuando las autoridades incumplen, cuando las instituciones se vuelven distantes y cuando las comunidades sienten que su sufrimiento no importa.

La falta de respuestas racionales, humanas y empáticas va empujando a sectores enteros hacia una rebeldía social que luego sorprende a quienes nunca quisieron escuchar. No se puede exigir tranquilidad permanente en territorios donde las necesidades básicas llevan décadas ignoradas.

Por eso resulta urgente cambiar el enfoque. La seguridad no puede limitarse únicamente al control policial o al endurecimiento de medidas represivas. La verdadera prevención de la violencia comienza cerrando brechas sociales y recuperando la confianza ciudadana.

Esto requiere realizar levantamientos permanentes en los territorios, identificar claramente las necesidades prioritarias y establecer responsabilidades concretas sobre quién debe resolver cada problemática. También es necesario mantener comunicación directa con las comunidades y presentar cronogramas transparentes sobre lo realizado y lo pendiente.

Los pueblos no exigen perfección; exigen ser escuchados, respetados y tomados en cuenta.

La paz social no se impone. La paz social se construye. Y se construye con justicia, cumplimiento y dignidad humana.

Porque cuando el abandono se prolonga demasiado, también termina convirtiéndose en una forma de violencia.