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LA TEOLOGÍA DEL LÍDER TONTO

 

Por Dr. Rodrigo Díaz Bermúdez, Teólogo

Vivimos bajo el gobierno de la estupidez ruidosa. Nunca hubo tanto acceso a información y nunca hubo tan poca profundidad. La civilización digital abrió millones de micrófonos sin formar millones de conciencias. Antes existían filtros culturales, académicos y morales; hoy cualquier impulsivo puede convertirse en oráculo del ruido.

La verdad procesal perdió atractivo porque es lenta, incómoda y silenciosa. La mentira emocional produce alivio inmediato. Y el cerebro moderno está enfermo de inmediatez.

Daniel Kahneman habló de dos sistemas mentales: el sistema 1, rápido, reactivo e impulsivo, y el sistema 2, lento, analítico y reflexivo. Esta generación vive atrapada en el sistema 1. Yo lo llamo el sistema “clin clin”: estímulo, reacción, dopamina y ruido. Nadie contempla; todos reaccionan.

Vivimos en una obesidad de estimulación.

Pantallas, notificaciones, videos breves, escándalos instantáneos y discursos simplificados destruyeron la capacidad de pensar profundamente. La economía de la reactividad descubrió que el escándalo produce dinero. La indignación monetiza. La estupidez viraliza.

Por eso triunfa el líder tonto exitoso.

El efecto Dunning-Kruger explica parte de esta tragedia: mientras menos sabe una persona, más cree saber. El ignorante moderno no duda; pontifica. Habla con seguridad porque carece de profundidad suficiente para comprender su propia ignorancia.

Y las neuronas espejo amplifican el fenómeno: masas enteras terminan imitando emociones, rabias, lenguajes y superficialidades colectivas. La estupidez se contagia socialmente.

La Biblia llama a eso necedad.

“El necio da rienda suelta a toda su ira.”
— Proverbios 29:11, RV60

La teología contemporánea, en muchos casos, se adaptó a ese mercado emocional. Ya no forma discípulos; produce consumidores de alivio rápido. La verdad aburre porque exige proceso. El espectáculo excita porque evita transformación.

Cristo trabajaba procesalmente. El sistema moderno anestesia instantáneamente.

La teología de la anties­tupidez exige exactamente lo que esta generación detesta: silencio, discernimiento, espera y profundidad. Porque la verdad no siempre produce “clin clin”. Muchas veces produce quebranto.

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.”
— Proverbios 1:7, RV60

Pero la civilización del ruido ya no quiere sabiduría.

Quiere estímulos.