Por J.C. Malone
Irán necesita reabrir el estrecho de Ormuz, porque por ahí sale su petróleo, y entra su comida. Todas las naciones del Golfo Pérsico comparten la misma situación.
Estados Unidos necesita reabrir el estrecho, porque sus aliados árabes del Golfo lo necesitan con urgencia. Eso reducirá los precios internos, también en el resto del mundo. Además, la guerra le ha salido muy cara a Washington en términos económicos y militares, resulta sencillamente insostenible.
Un acuerdo de paz es absolutamente conveniente para todos. Históricamente, esos acuerdos se firman y se violan a conveniencia.
Ahora a todo el mundo le conviene un acuerdo de paz en Irán, cuando a uno o más le convenga violarlo, lo violarán, siempre ha sido así.
Quienes creyeron en los acuerdos perdieron la vida; a Saddam Hussein lo ahorcaron; a Muammar Gaddafi lo lincharon.
Este acuerdo será firmado, y violado, como tantos otros.
Para entender mejor el destino del nuevo acuerdo, entre Teherán y Washington, revisemos tres, con desenlaces bien conocidos.
El tres de abril de 1991, mediante la resolución 687 de la ONU, Hussein entregó sus armas biológicas a Washington. En 2003 invadieron Irak; lo ahorcaron.
Horrorizado por la escena, el coronel Gaddafi, en Libia, renunció el 19 de diciembre de 2003 a sus programas biológicos y nucleares. Aquello terminó muy mal. En el 2011, mientras Barack Obama recibía el Premio Nobel de la Paz, bombardeó Libia, lincharon a Gaddafi.



