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La Verdad sobre María y la Biblia: Lo que realmente dice la Palabra de Dios

Por: Armando Olivero 

A lo largo de los siglos, a muchas personas se les ha enseñado a ver a la Virgen María como la «Reina del Universo», la «Madre de todos los creyentes» o la «Gran Intercesora». Son títulos hermosos y ampliamente difundidos, pero cuando acudimos directamente a la Biblia para verificar su origen, nos encontramos con una realidad muy diferente.

Jesús nos dejó una promesa clara que transforma la vida de todo aquel que la cree: «Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Juan 8:32). La verdadera libertad espiritual empieza cuando decidimos fundamentar nuestra fe en lo que Dios dice en su Palabra y no en tradiciones humanas.

Para entender este tema de manera clara y directa, conviene revisar estos puntos fundamentales a la luz de las Escrituras:

  • El mandato supremo y el respeto a María: Jesús resumió toda la enseñanza divina en dos grandes principios: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo» (Mateo 22:37-39). Dios no ordena no amar a María ni tampoco la rechaza; por el contrario, al mandarnos a amar al prójimo, María está plenamente incluida en ese amor y respeto. La Biblia misma la reconoce históricamente como «bienaventurada entre todas las mujeres» (Lucas 1:42). Sin embargo, Jesús jamás mandó tributarle devoción de fe o adoración a María junto a Dios, pues el mandato bíblico exige una adoración absoluta reservada únicamente para el Creador.
  • Las Bodas de Caná y la intercesión (Juan 2:1-11): Muchos utilizan el milagro donde Jesús convirtió el agua en vino para argumentar que María es la intercesora oficial ante Dios. Es cierto que María le hizo notar a Jesús que el vino se había acabado. Sin embargo, la respuesta de Jesús marcó un límite claro: «¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha llegado mi hora» (Juan 2:4). Lejos de instituir un canal de mediación celestial, la última instrucción registrada de María a los sirvientes en ese pasaje fue: «Haced todo lo que él os dijere» (Juan 2:5). María misma dirigió la atención de todos directamente hacia Jesús, no hacia ella.
  • El único Mediador e Intercesor: La Biblia no deja lugar a dudas sobre quién intercede por la humanidad ante el Padre. El apóstol Pablo escribió: «Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre» (1 Timoteo 2:5). Así mismo, la Escritura enseña que Jesús es el único que «puede también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos» (Hebreos 7:25).
  • El verdadero Consolador de la Iglesia: Cuando Jesús se despidió de sus discípulos, no dijo que nos dejaría a su madre para cuidarnos o interceder por nosotros. Él fue muy claro: «Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad» (Juan 14:16-17). La guía espiritual pertenece exclusivamente al Espíritu Santo, la tercera Persona de la Santísima Trinidad. Dios es un Dios Todopoderoso que se revela en tres Personas distintas pero en una perfecta unidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
  • ¿Es María la Reina del Universo? En las Escrituras, el único Rey de Reyes y Señor de Señores es Jesucristo (Apocalipsis 19:16). Aunque la Biblia promete que los creyentes reinaremos con Cristo en su reino futuro, jamás le otorga a María un título de realeza ni autoridad o señorío sobre la creación.
  • ¿La proclamó Jesús como madre de todos desde la cruz? Cuando Jesús le dijo a su discípulo Juan «He ahí tu madre» (Juan 19:27), estaba cumpliendo su deber como hijo primogénito dentro de la ley judía. Al ser María viuda, Jesús confió su cuidado material a su amigo más cercano. El mismo texto lo confirma: «Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa». Fue un acto de amor y responsabilidad familiar, no un mandato para convertirla en la madre espiritual de la humanidad.

María fue una mujer humilde, fiel, profundamente respetada y altamente favorecida al ser escogida para traer al Salvador al mundo. Sin embargo, asignarle funciones de reina, intercesora o protectora espiritual reemplaza la obra del Espíritu Santo y el señorío único de Cristo.

Abrir la Biblia con un corazón dispuesto nos libera de tradiciones y confusiones. La verdad nos enseña que nuestro acceso a Dios es directo, completo y victorioso a través de Jesús y la presencia viva de su Santo Espíritu.