Por Yoneice Pineda
Durante demasiado tiempo se nos enseñó a las mujeres a pedir poco. A conformarnos. A pensar que hablar de dinero, poder, liderazgo o ambición era impropio. Se nos hizo creer que una mujer debía ser fuerte, pero no demasiado; inteligente, pero sin incomodar; exitosa, pero sin hacer demasiado ruido.
Yo pienso exactamente lo contrario.
Una mujer tiene derecho a querer ser rica, inteligente, independiente y poderosa.
Y no hablo únicamente de riqueza económica. Hablo de una riqueza mucho más profunda: la de una mujer que conoce su valor, que se prepara, que genera oportunidades, que administra sus recursos y que tiene la libertad de decidir sobre su propia vida.
El dinero no define a una mujer, pero la independencia económica puede cambiar radicalmente su capacidad de decidir.
Una mujer que tiene ingresos propios tiene más posibilidades de elegir. Puede invertir en su formación, desarrollar un negocio, apoyar a su familia, participar en proyectos sociales y construir un futuro con mayor autonomía.
Por eso debemos dejar de mirar con sospecha a las mujeres que quieren prosperar.
Querer tener dinero no nos hace menos humanas. Querer crecer no nos hace egoístas. Querer ocupar espacios de poder no nos hace arrogantes.
Nos hace conscientes de que también tenemos derecho a construir nuestro propio destino.
La inteligencia, por su parte, es una de las mayores riquezas que puede poseer una mujer. No se trata solamente de títulos universitarios. La inteligencia también es saber leer las circunstancias, aprender de los errores, reconocer las oportunidades, rodearse de personas que aporten y tener la capacidad de levantarse cuando la vida intenta derribarnos.
Una mujer inteligente no compite permanentemente con otras mujeres.
Una mujer inteligente construye alianzas.
Porque he aprendido que el verdadero liderazgo no consiste en llegar sola a la cima. Consiste en utilizar la posición alcanzada para abrir puertas a quienes vienen detrás.
Necesitamos más mujeres en las empresas, en los consejos de administración, en las instituciones, en la política, en los medios de comunicación y en todos aquellos espacios donde se toman decisiones que afectan a nuestras sociedades.
No para desplazar a nadie.
Para participar.
Para aportar.
Para decidir.
Para demostrar que la mirada femenina también tiene mucho que aportar a la construcción de una sociedad más justa, moderna y próspera.
Ser una mujer rica e inteligente también significa saber invertir en una misma. Invertir en educación, en relaciones, en proyectos, en salud, en conocimiento y en oportunidades.
Porque hay una riqueza que desaparece y otra que permanece.
El dinero puede perderse.
Los negocios pueden fracasar.
Una posición puede cambiar.
Pero el conocimiento adquirido, la experiencia acumulada y la capacidad de volver a empezar constituyen un patrimonio que nadie puede arrebatarnos.
Por eso quiero defender públicamente una idea que todavía incomoda a algunos sectores: las mujeres no debemos sentir culpa por aspirar al éxito.
Tenemos derecho a ganar dinero.
Tenemos derecho a crear empresas.
Tenemos derecho a ser líderes.
Tenemos derecho a ocupar espacios de decisión.
Tenemos derecho a equivocarnos y volver a intentarlo.
Y, sobre todo, tenemos derecho a definir qué significa el éxito para cada una de nosotras.
Mi generación tiene una responsabilidad enorme: demostrarles a las mujeres que vienen detrás que no existen límites que debamos aceptar simplemente porque alguien los haya colocado delante de nosotras.
Quiero una mujer latina preparada, emprendedora, independiente y consciente de su valor.
Una mujer que no tenga miedo de hablar de dinero ni de liderazgo.
Una mujer que no tenga que escoger entre inteligencia y sensibilidad, entre familia y profesión, entre feminidad y autoridad.
Podemos serlo todo aquello que decidamos construir.
Porque al final, la verdadera riqueza de una mujer no está solamente en cuánto dinero tiene.
Está en cuánto sabe.
En cuánto se atreve.
En cuánto construye.
En cuántas puertas abre.
Y, sobre todo, en cuántas mujeres consigue inspirar para que también descubran su propio poder.
Ser mujer es un privilegio.
Ser inteligente es una responsabilidad.
Ser independiente es una conquista.
Y construir riqueza con propósito es una forma de libertad.
Yoneice Pineda Cedeño
Lideresa social, emprendedora y defensora del liderazgo y la participación de las mujeres.



