Por Félix Caraballo
Cada 27 de septiembre, la República Dominicana conmemora el Día Nacional de la Biblia, establecido mediante la Ley 204-84. La fecha invita a reconocer la importancia histórica, espiritual y cultural de las Sagradas Escrituras, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿qué hemos hecho realmente para que la Biblia ocupe el lugar que le corresponde en la formación de las nuevas generaciones?
La inquietud se intensifica al recordar que hace más de 26 años fue promulgada la Ley 44-00, que modificó el artículo 25 de la Ley General de Educación No. 66-97 para establecer la lectura e instrucción bíblica en las escuelas públicas. Esta legislación fue fruto de esfuerzos significativos en el Congreso Nacional y de sectores de las comunidades de fe, con el impulso de legisladores como Elías Wessin Chávez y Besaida Mercedes Abreu, convencidos de que la formación estudiantil debía incluir principios éticos, morales y espirituales.
Una conquista legislativa inconclusa
La Ley 44-00 dispuso la lectura bíblica diaria y la instrucción semanal, además de la elaboración de programas educativos por parte de la Conferencia del Episcopado Dominicano y la Confederación Dominicana de Unidad Evangélica (CODUE). También otorgó a los padres la posibilidad de escoger entre programas católicos o evangélicos, o solicitar la exención correspondiente, y estableció mecanismos para la formación y propuesta de docentes.
Sin embargo, la aprobación de la ley no se tradujo en una implementación efectiva. Una legislación requiere reglamentos, programas, materiales, formación docente, coordinación institucional y seguimiento. Nada de esto se consolidó de manera suficiente. El entusiasmo inicial se fue apagando y la iniciativa quedó rezagada.
La responsabilidad no recae únicamente en el Estado dominicano. También las instituciones religiosas que participaron en la conquista legislativa —la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas agrupadas en CODUE— dejaron de dar el seguimiento necesario. La falta de coordinación y de propuestas pedagógicas concretas impidió que la ley se convirtiera en una política educativa real.
Debilidades en la aplicación
Con el paso de los años, no se desarrollaron plenamente los instrumentos para aplicar la ley. Tampoco se consolidó el proceso de presentar candidatos para impartir la instrucción bíblica ni se fortaleció el adiestramiento de los docentes. La ausencia de una agenda permanente de seguimiento entre las iglesias, el Ministerio de Educación y otros actores involucrados fue una de las principales debilidades.
La ley requería especialistas en educación, pedagogos, teólogos, docentes y representantes de las comunidades de fe trabajando juntos para diseñar contenidos pertinentes a las edades y niveles educativos. Esa articulación nunca se concretó.
El debate constitucional
En 2019, el Tribunal Constitucional conoció la acción directa en inconstitucionalidad interpuesta contra la Ley 44-00. La sentencia TC/0199/19 declaró inadmisible la acción, al considerar que el escrito no cumplía con los requisitos de claridad y precisión exigidos por la Ley 137-11. Este antecedente demuestra que el debate sobre la enseñanza bíblica en las escuelas ha estado presente en la discusión jurídica, aunque sin invalidar la legislación.
Más allá de las controversias legales, la existencia de una ley no garantiza por sí misma una educación de calidad ni la transmisión efectiva de sus contenidos. Se requiere voluntad, coordinación y compromiso.
Una celebración que debe transformarse
Cada septiembre se multiplican las actividades relacionadas con la Biblia: cultos, conferencias, lecturas y campañas. Todo esto es positivo, pero el Día Nacional de la Biblia no debería limitarse a ceremonias religiosas o publicaciones en redes sociales.
Si las iglesias creen que la Biblia contribuye a la formación integral del ser humano, deben asumir con mayor responsabilidad su papel educativo. Esto implica revisar la Ley 44-00, identificar los obstáculos que han impedido su aplicación, elaborar propuestas pedagógicas actualizadas, preparar materiales adecuados y establecer mecanismos de coordinación con las autoridades educativas.
No se trata simplemente de llevar una Biblia física a las aulas, sino de desarrollar una metodología que permita a los estudiantes acercarse a sus contenidos de manera comprensible y apropiada para su edad. Valores como la verdad, la justicia, la dignidad humana, el respeto, el servicio, la solidaridad y la responsabilidad social deben ser integrados en la enseñanza.
La Biblia debe ser vivida
La verdadera deuda no se salda con discursos ni con declaraciones anuales. Se salda con trabajo, coordinación, formación y propuestas concretas. La Biblia, para millones de cristianos, representa la revelación de Dios y una fuente fundamental de fe, esperanza y principios para la vida. Esa convicción debe expresarse mediante acciones en la familia, la comunidad, la educación, la política, la economía y la vida pública.
Por eso, el Día Nacional de la Biblia debería convertirse en un momento de examen de conciencia para las comunidades cristianas dominicanas. Después de más de 26 años, la pregunta sigue vigente: ¿estamos dispuestos a asumir la responsabilidad que comenzó con la aprobación de la Ley 44-00? La respuesta no debería quedarse en palabras, sino traducirse en hechos.
Día Nacional de la Biblia: una deuda pendiente de las iglesias con la educación dominicana
Por Félix Caraballo
Cada 27 de septiembre, la República Dominicana conmemora el Día Nacional de la Biblia, establecido mediante la Ley 204-84. La fecha invita a reconocer la importancia histórica, espiritual y cultural de las Sagradas Escrituras, pero también plantea una pregunta incómoda: ¿qué hemos hecho realmente para que la Biblia ocupe el lugar que le corresponde en la formación de las nuevas generaciones?
La inquietud se intensifica al recordar que hace más de 26 años fue promulgada la Ley 44-00, que modificó el artículo 25 de la Ley General de Educación No. 66-97 para establecer la lectura e instrucción bíblica en las escuelas públicas. Esta legislación fue fruto de esfuerzos significativos en el Congreso Nacional y de sectores de las comunidades de fe, con el impulso de legisladores como Elías Wessin Chávez y Besaida Mercedes Abreu, convencidos de que la formación estudiantil debía incluir principios éticos, morales y espirituales.
Una conquista legislativa inconclusa
La Ley 44-00 dispuso la lectura bíblica diaria y la instrucción semanal, además de la elaboración de programas educativos por parte de la Conferencia del Episcopado Dominicano y la Confederación Dominicana de Unidad Evangélica (CODUE). También otorgó a los padres la posibilidad de escoger entre programas católicos o evangélicos, o solicitar la exención correspondiente, y estableció mecanismos para la formación y propuesta de docentes.
Sin embargo, la aprobación de la ley no se tradujo en una implementación efectiva. Una legislación requiere reglamentos, programas, materiales, formación docente, coordinación institucional y seguimiento. Nada de esto se consolidó de manera suficiente. El entusiasmo inicial se fue apagando y la iniciativa quedó rezagada.
La responsabilidad no recae únicamente en el Estado dominicano. También las instituciones religiosas que participaron en la conquista legislativa —la Iglesia Católica y las iglesias evangélicas agrupadas en CODUE— dejaron de dar el seguimiento necesario. La falta de coordinación y de propuestas pedagógicas concretas impidió que la ley se convirtiera en una política educativa real.
Debilidades en la aplicación
Con el paso de los años, no se desarrollaron plenamente los instrumentos para aplicar la ley. Tampoco se consolidó el proceso de presentar candidatos para impartir la instrucción bíblica ni se fortaleció el adiestramiento de los docentes. La ausencia de una agenda permanente de seguimiento entre las iglesias, el Ministerio de Educación y otros actores involucrados fue una de las principales debilidades.
La ley requería especialistas en educación, pedagogos, teólogos, docentes y representantes de las comunidades de fe trabajando juntos para diseñar contenidos pertinentes a las edades y niveles educativos. Esa articulación nunca se concretó.
El debate constitucional
En 2019, el Tribunal Constitucional conoció la acción directa en inconstitucionalidad interpuesta contra la Ley 44-00. La sentencia TC/0199/19 declaró inadmisible la acción, al considerar que el escrito no cumplía con los requisitos de claridad y precisión exigidos por la Ley 137-11. Este antecedente demuestra que el debate sobre la enseñanza bíblica en las escuelas ha estado presente en la discusión jurídica, aunque sin invalidar la legislación.
Más allá de las controversias legales, la existencia de una ley no garantiza por sí misma una educación de calidad ni la transmisión efectiva de sus contenidos. Se requiere voluntad, coordinación y compromiso.
Una celebración que debe transformarse
Cada septiembre se multiplican las actividades relacionadas con la Biblia: cultos, conferencias, lecturas y campañas. Todo esto es positivo, pero el Día Nacional de la Biblia no debería limitarse a ceremonias religiosas o publicaciones en redes sociales.
Si las iglesias creen que la Biblia contribuye a la formación integral del ser humano, deben asumir con mayor responsabilidad su papel educativo. Esto implica revisar la Ley 44-00, identificar los obstáculos que han impedido su aplicación, elaborar propuestas pedagógicas actualizadas, preparar materiales adecuados y establecer mecanismos de coordinación con las autoridades educativas.
No se trata simplemente de llevar una Biblia física a las aulas, sino de desarrollar una metodología que permita a los estudiantes acercarse a sus contenidos de manera comprensible y apropiada para su edad. Valores como la verdad, la justicia, la dignidad humana, el respeto, el servicio, la solidaridad y la responsabilidad social deben ser integrados en la enseñanza.
La Biblia debe ser vivida
La verdadera deuda no se salda con discursos ni con declaraciones anuales. Se salda con trabajo, coordinación, formación y propuestas concretas. La Biblia, para millones de cristianos, representa la revelación de Dios y una fuente fundamental de fe, esperanza y principios para la vida. Esa convicción debe expresarse mediante acciones en la familia, la comunidad, la educación, la política, la economía y la vida pública.
Por eso, el Día Nacional de la Biblia debería convertirse en un momento de examen de conciencia para las comunidades cristianas dominicanas. Después de más de 26 años, la pregunta sigue vigente: ¿estamos dispuestos a asumir la responsabilidad que comenzó con la aprobación de la Ley 44-00? La respuesta no debería quedarse en palabras, sino traducirse en hechos.



