Por Eddy Pereyra/
Santo Domingo.- Cuando el señor Jaime Aristy Escuder, se escudaba con el gobierno corruptor de Danilo Medina, no se le ocurrió ligar un elemento de biopolítica, al asumir simultaneamente el precio de la carne de pollo con el tema de Punta Catalina, olvidando sus cenizas.
Ciertamente que los zancos que utilizó Jaime o “Caimito” como cariñosamente le llaman fueron lo suficientemente resistentes para dar pasos largos y económicamente seguros, como los que dio cuando cambio de bandera crítica y se vistió con un hermoso atuendo morado que le llegaba a los pies, como las sotanas usadas por diáconos de las iglesias ortodoxas y orientales de la Comunidad Anglicana.
La oposición sospechaba que Jaime Aristy Escuder, estaba coqueteando por debajo con el gobierno peledeísta, hasta que salió el decreto formando parte de la comisión que creó el entonces presidente Danilo Medina para investigar todo lo concerniente al proceso de licitación y adjudicación de Punta Catalina. Proceso que culminó con un informe positivo, hasta el punto de asegurar que las cenizas de la Central Termoeléctrica servirían para hacer medicinas, alimentos para el macho de la cabra y hasta ungüento para la buena suerte.
Fue Aristy Escuder quien eufórico proclamó el resumen del informe: ¡no hay indicios de malas prácticas en los dos procesos!
Cuentan que Danilo le pagó su trabajo nombrándolo en el puesto de administrador general de la central termoeléctrica dependencia de la CDEEE, por avalar la planta, obra del consorcio encabezado por la constructora brasileña Odebrecht.
“La metamorfosis de la moral: Aristy Escuder, de escribir un libro contra la corrupción a ser administrador del símbolo de la corrupción”, escribió en su cuenta de Twitter el sobrino del coronel Alberto Caamaño Deñó.
El valor argumentativo del “caballero blanco”, que califica a Punta Catalina como “la joya de la corona” posiblemente tiene una intención “sentimental”.
La cosa es, que la decisión de Jaime de promocionar la calidad de la obra carece de verdadera importancia, aunque debemos reconocer que hemos entendido el problema de la “joya de la corona” que le atribuye su exadministrador a Punta Catalina, a partir de la explicación del Ministro de Energía y Minas, cuando demuestra enseñando las fallas del funcionamiento de la costosa planta, que Odebrecht ha incumplido el compromiso relativo a la capacidad de la central de satisfacer las necesidades energéticas.
Lo duro para Danilo Medina y Odebrecht, fue que el ministro Antonio Almonte, remeneó la tierra cuando advirtió, que el gobierno no emitirá cartas de aceptación de las dos unidades de las termoeléctrica Punta Catalina, debido a que presentan graves deficiencias de construcción, principalmente en sus respectivas calderas.
Almonte, matemático y físico nuclear, remarcó que esa planta está llena de remiendos, y las calderas que no es un tema cualquiera están llena de desperfectos, “desde antes de llegar este gobierno que tomó posesión el 16 de agosto, ya en marzo y abril del 2020 se paró por casi dos meses”.
Bueno, no es normal que a una empresa en situación de gravedad se le reconozcan sorprendentes méritos que conmocionan el asombro.
La lectura de la calificación de Punta Catalina, como “la joya de la corona” (The jewel the Crown) es que obedece a una acción mercadológica con un guion que determina la manera de acercar al público con un nombre de ficción y un elemento que es parte de las vivencias cotidianas de las personas como es la energía eléctrica, representada en este caso, por la central termoeléctrica.
Construyen un relato y mandan “al vocero de la corrupción”-Jaime Aristy Escuder- quien pone en marcha el libreto: la cancelación de dos técnicos fue la causa de que la Unidad 2 de la Central Punta Catalina esté fuera de servicio.
El tercer episodio es insistir en la existencia de una trama con el propósito de destruir a Punta Catalina para favorecer a los generadores privados y crear las condiciones de venderla a bajo precio.
Luego vendrían con otra historia relacionada para entretener y evitar que la audiencia se resista en aceptar la verdad de Punta Catalina y cambie de parecer, sumándose a la acusación contra los culpables escogidos para que estos pierdan reputación.
Edmond Thiaudiére, escritor y filósofo francés, nos recuerda que “la política es el arte de disfrazar de interés general el interés particular”.
Parece ser, sin importar el curso de acción de una política, que el Estado dominicano siempre estará expuesto a opiniones y movimientos que responden a intereses particulares.
Aún más sorprendente es el hecho de que estos ataques que provocan discusiones tienen cabida en circunstancias en que aún existen fuertes cuestionamientos sobre la decisión de haber construido una planta de carbón.
Investigadores de la Universidad de Duke (Carolina del Norte, EE. UU.) han encontrado altos niveles de metales pesados tóxicos en las cenizas de carbón de la planta de energía de carbón más grande de la República Dominicana.
Su producción de cenizas, gases y otros contaminantes en un mundo más comprometido con la disminución de emisiones llevó a que se cuestionara la decisión, además de su impresionante inversión de US$2,340 millones, sus graves deficiencias y costo de producción.
Ante la imposibilidad de rebatir con un libreto sólido, los que utilizan al economista hueco, recurren al control que tienen en los medios, la cual no es ilegal, e incluso no se cuestiona su calidad e inocuidad o intención de reducir los riesgos judiciales.
Solo puede pedírsele al exfuncionario de Rubén Jiménez Bichara, que no conceda escribir más de lo que aspira a obtener, producto de su nuevo oficio de excusar la corrupción, el error, el incumplimiento del compromiso de Odebrecht y el gobierno de Danilo Medina, con la “Corona de Catalina”.


