Por Yoneice Pineda/Presidenta de la Asociación de Mujeres Por la Integración Internacionales (AMPi)
Las noticias sobre los recientes terremotos que han afectado a Venezuela han generado preocupación y angustia en millones de personas dentro y fuera de sus fronteras.
Cuando la naturaleza nos recuerda su fuerza, también nos recuerda nuestra vulnerabilidad como seres humanos y la importancia de la solidaridad entre los pueblos.
En momentos como este, nuestro pensamiento está con las familias que han sentido el miedo, la incertidumbre y las consecuencias de estos fenómenos naturales.
Detrás de cada cifra hay historias de vida, madres preocupadas por sus hijos, adultos mayores que necesitan apoyo y comunidades enteras que buscan recuperar la tranquilidad.
Como presidenta de la Asociación de Mujeres Por la Integración Internacionales (AMPi), expreso nuestra profunda solidaridad con el pueblo venezolano.
Compartimos el dolor de quienes han resultado afectados y reconocemos el esfuerzo de los equipos de emergencia, voluntarios y autoridades que trabajan para garantizar la seguridad y el bienestar de la población.
Las mujeres suelen estar entre las más impactadas durante las emergencias, no solo porque enfrentan desafíos específicos en materia de protección y acceso a recursos, sino porque, en muchas ocasiones, son quienes sostienen emocionalmente a sus familias y comunidades en medio de la crisis.
Por ello, es fundamental que toda respuesta humanitaria tenga una perspectiva inclusiva y sensible a las necesidades de mujeres, niños, personas mayores y personas con discapacidad.
La solidaridad no conoce fronteras. Hoy más que nunca, debemos fortalecer los lazos de cooperación, empatía y apoyo mutuo. Cada mensaje de aliento, cada gesto de ayuda y cada acción coordinada contribuyen a la recuperación de quienes atraviesan momentos difíciles.
Desde AMPi elevamos nuestras oraciones por la seguridad del pueblo venezolano y hacemos un llamado a la comunidad internacional para permanecer atenta a las necesidades que puedan surgir tras este acontecimiento. La reconstrucción material es importante, pero también lo es la reconstrucción emocional de quienes han vivido horas de incertidumbre y temor.
Venezuela no está sola. En los momentos de adversidad es cuando la humanidad demuestra su verdadera grandeza, y estamos convencidos de que la unión, la resiliencia y la esperanza serán más fuertes que cualquier dificultad.
Nuestra solidaridad, respeto y acompañamiento están hoy con Venezuela.



