Inicio OPINIÓN “Bachán y Siquín”: Un Viaje al Infinito en el Calor del Bronce

“Bachán y Siquín”: Un Viaje al Infinito en el Calor del Bronce

Por: Armando Olivero/Músico forense y analista legal

El estreno de una obra musical es, ante todo, un desnudamiento del alma. Cuando las notas que por meses guardé en la intimidad del papel pautado cobran vida, el aire se transforma. Esa magia latente vibró con fuerza en el auditorio del Conservatorio Nacional de Música durante el estreno, este jueves 25 de junio, de mi creación “Bachán y Siquín – Viaje al Infinito”, concebida no desde la densidad sinfónica tradicional, sino desde el brillo, la nobleza y la potencia de un concierto para metales.
Una partitura es un mapa inerte hasta que encuentra el soplo humano capaz de infundirle vida.

La obra halló su cauce perfecto en las manos del maestro Juan Arvelo, cuya dirección musical supo amalgamar con maestría y profunda sensibilidad cada textura y contraste que el bronce exige. Bajo su batuta, los metales no solo sonaron; cantaron, evocaron y tradujeron con calidez el concepto de un trayecto expansivo y sin fronteras.

Esta obra representa también un acto de profunda gratitud hacia uno de los pilares de mi formación artística. “Bachán y Siquín – Viaje al Infinito” está dedicada a quien fue mi profesor de composición y orquestación sinfónica en el Conservatorio Nacional de Música, el maestro cubano Santiago Fals, egresado del prestigioso Conservatorio Chaikovski de Moscú, cuya enseñanza, rigor académico y visión musical dejaron una huella imborrable en mi desarrollo como compositor.

Su influencia permanece viva en cada decisión estética y estructural que da forma a esta creación.

Más allá del rigor técnico que me compete, esta composición posee un motor estrictamente afectivo. El tejido emocional de “Bachán y Siquín” nace de la gratitud más pura hacia mis amados padres. Ellos sembraron en mí la disciplina, el amor por el conocimiento y la sensibilidad que hoy orientan mi vida.

Si esta obra encuentra su raíz artística en la cátedra de un gran mentor, encuentra su raíz humana en el amor, el sacrificio y los valores que recibí en el hogar. Honrarlos a través de la música es mi manera de devolverles, mediante la permanencia eterna del sonido, una parte del legado infinito que me entregaron.

Cuando el eco del último acorde se fundió con el cálido aplauso del público, recordé por qué creamos: para conectar, para honrar a quienes marcaron nuestro camino y para demostrar que la música, nacida del corazón y ejecutada con excelencia, es verdaderamente un viaje hacia lo eterno. Porque toda gran obra trasciende cuando en ella convergen el conocimiento recibido de un maestro, el amor heredado de una familia y el compromiso inquebrantable del artista con su propia verdad.