Inicio OPINIÓN ¿Con qué estás alimentando tu alma?

¿Con qué estás alimentando tu alma?

Por: Armando Olivero

Pasamos la vida entera construyendo graneros más grandes, buscando cuentas más robustas y persiguiendo un estatus material, bajo la sutil mentira de que el «privilegio» de vivir se compra. Nos enseñan a mirar las cosas como si fueran eternas y a las personas como si fueran desechables. ¡Qué profunda miopía existencial!

En Lucas 12:15, Jesús nos confronta con una lucidez implacable: «La vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee».

No es un llamado a la escasez; es un llamado a la cordura espiritual. Intentar llenar el alma con lo que se oxida, se devalúa o se pierde es como querer calmar la sed en el desierto bebiendo arena. El necio de la parábola no fracasó por su prosperidad, sino por su idolatría al creer que el espíritu se nutre de materia.

Se olvidó de que el corazón del hombre necio está en su riqueza; al poner su tesoro en lo terrenal se convirtió en un esclavo, su vida interior quedó completamente encadenada a lo efímero. Al final, la sentencia divina resuena con fuerza eterna: «Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?». Al dar el último suspiro, el inventario terrenal se reduce a cero.

Recordemos siempre el orden divino: las cosas fueron creadas para ser usadas; nuestro prójimo y Dios, para ser amados. Cuando invertimos este diseño, la materia nos posee y el corazón se transforma en una bóveda fría.

Ya el filósofo Séneca intuía una gran verdad al decir que «Rico no es el que más tiene, sino el que menos necesita». Pero Cristo eleva este concepto a la gloria eterna, revelándonos que el desapego de este mundo no nace de la escasez, sino de la abundancia absoluta: De Dios es toda la riqueza, la tierra y su plenitud, y sus hijos son Sus herederos y administradores con Cristo.

Muchos, atrapados en la prisa y el sistema de este mundo, malinterpretarán esta postura. Confundirán la paz con la haraganería, la libertad espiritual con el conformismo. Qué gran equivocación. Trabajar para vivir no es lo mismo que vivir para trabajar. El verdadero conformismo es rendirse ante el materialismo; la verdadera haraganería es descuidar el espíritu.

El ser humano parece que no logra entender que lo que vaya a hacer lo haga con amor, incluyendo el trabajo o negocio para levantar a su familia, ejerciendo y sirviendo al prójimo apostando a una vida digna en su entorno, pues quien no vive para servir, no sirve para vivir. La vida y la bendición que compartimos con los demás no fluyen de la opulencia de nuestros bolsillos, sino de la abundancia de amor, gracia y dignidad que brotan de un corazón alineado con el Creador; pues lo que vayas a hacer, hazlo, pero en el nombre de Dios.

Es ahí donde entendemos el secreto del Reino: la verdadera felicidad reside cuando damos y no cuando recibimos. Quien vive para acumular se empobrece en su propio egoísmo, pero quien vive en amor, espíritu y verdad experimenta la verdadera plenitud.
No vivas angustiado persiguiendo lo que te falta en el mundo cuando ya eres dueño de lo invisible en los cielos. Cuando te convences de que el Dueño del universo te declara heredero de todo lo creado por medio de la fe, descubres que la mayor opulencia de la tierra es: “Ser hijo de Dios”.

¡Fuiste diseñado para la eternidad! No te conformes con lo efímero, porque la advertencia de nuestro señor Jesucristo es inquebrantable: «Los cielos y la tierra pasarán, pero mi palabra no pasará». 🙌🏼✨

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